Una cuestión de perspectiva

La obra Vivir juntas desafía las narrativas tradicionales sobre la desobediencia y la resistencia. A través de la historia de tres mujeres en prisión, nos sumerge en una perspectiva inusual, donde la rebeldía no se manifiesta en la huida ni en la confrontación heroica, sino en el acto radical de acompañarse. Con una puesta en escena que desafía la mirada del espectador, la obra nos invita a reflexionar sobre la solidaridad, el cuidado y la subversión desde una óptica de género. Porque, al final, todo es cuestión de perspectiva.

marzo 16, 2025

Actualmente se encuentra en cartelera en Santiago la obra Vivir juntas, con dramaturgia de Carla Romero y actuación de Marcela Millie; Paula Luchsinger y Verónica Medel. El diseño es de Laurene Lemaitre y el universo sonoro de Guillermo Eisner.

Esta es la segunda temporada de esta obra, su estreno se realizó el 1 de noviembre de 2024 en Matucana 100. La obra tiene un texto sólido, está bien ejecutada en lo actoral, posee una saludable dosis de sentido del humor, lo cual en este caso es signo de inteligencia y sensibilidad por parte del equipo creador. Vivir juntas es una obra completamente recomendable. Pero no estamos aquí para hacer critica en 100 palabras sino para darle un par de vueltas más a los asuntos de la escena. Seamos entonces un poco más enrevesados, a ver si algo se consigue con el antiguo arte de buscar la quinta pata del gato, de rizar el rizo, buscarle el cuesco a la breva y, en general, pensar y discutir por el mero placer de hacerlo.

Las fotos de prensa de esta obra nos muestran a las tres actrices abrazadas sobre una cama, la que comparten en posición de cucharita, como si acompañarse y entregarse cariño en calma fuese el asunto central de la obra. Y es que, de hecho, lo es. La solidaridad, los afectos y la ternura son las cuestiones en torno a las cuales se despliega esta pieza y lo hace a través de un argumento sencillo que permite a la escena accionar en varios niveles. Tres internas en una cárcel conviven y se relacionan íntimamente, su vínculo es profundo y les lleva a decidir acompañar activamente las últimas semanas de vida de una de ellas, quién padece cáncer terminal. Esta trama pone sobre la mesa una serie de cuestiones que enriquecen conceptualmente el trabajo: cada una de ellas proviene de una clase social diferente y se relaciona con la norma, con lo político y con la desobediencia de formas bastante distintas.  Se abren así las posibilidades de interacción entre los personajes; se multiplican también los temas abiertos en la escena. Por esto mismo es que podríamos decir que la pieza tematiza no solo la solidaridad sino también la subversión, la relación con el contrato social y sobre todo la desobediencia….. la desobediencia en las mujeres.

Volviendo a las fotos de prensa, vemos a estas tres mujeres compartiendo la cama y el cariño, pero la perspectiva de la foto es rara. La cámara parece estar arriba, puesta sobre ellas. Al ver la obra, nos damos cuenta que la escena es la que está organizada con una perspectiva rara. La cama compartida está contra un muro de fondo y así el espectador queda puesto en una perspectiva inusual. Y ese es precisamente el gran asunto de esta obra: su perspectiva rara.  La muy inusual posición que adopta el espectador se suma aquí a la más inusual posición con la que se examina la política, la desobediencia y ese acuerdo que señala lo que es permisible y lo que no.

Vivir Juntas

Estas tres internas de una cárcel son mujeres que han cometido delitos (¡qué aburrido sería si fuesen inocentes!), por lo tanto, han violado el contrato social.  Ximena es una ex integrante del FPMR y cumple una condena larga, por delitos no excusables en razón a un contexto político. Kelly paga el precio de su participación en redes de narcotráfico, que le han llevado por recovecos poco honorables (agresión, homicidio…) y Piola es una joven artista, una performer detenida por sus intervenciones (siempre simbólicas) durante el estallido social de 2019. A las tres les une la desobediencia, ejercida de diferentes maneras en distintos contextos, por lo mismo es sensato pensar que la obra, en cierto sentido, tematiza la rebeldía.

Y entonces es que cobra todo el sentido del mundo esa perspectiva rara, el inusual ángulo al que el espectador es invitado. Es que el teatro ha trabajado durante siglos la rebeldía y nos ha regalado tremendas y monumentales obras como Los bandidos, de Schiller o como Antígona de Sófocles. Podríamos hacer una larguísima lista de piezas que levantan la figura del desobediente, que revisan las vetas heroicas del desacato, pero es bien probable que ninguna de ellas lo haga a través de tres mujeres comunes, que ejercen la rebeldía mediante el cuidado y la amistad. Obras sobre prisioneros también muchas y es curioso que muchas veces la acción de estas se desarrolla en torno al escape. La gesta heroica en varios casos es la de evadir a la ley, salir por un túnel, por la puerta trasera, por un acantilado o por una alcantarilla; salir del atasco y seguir moviéndose. Y sin en embrago, en este caso no hay escape ni plan de evasión, no hay que poner a prueba la resistencia física y el ingenio para ser más intrépidos que el sistema de prisiones. En Vivir juntas lo importante es la permanencia, no el escape; el quedarse, no el salir; el acompañarse a morir sin buscar victoria alguna sobre un enemigo externo.

«Insisto en que es una cuestión de perspectiva, y en este caso le llamaríamos perspectiva de género. Y es que la rebeldía se ve diferente según el ángulo desde el que se le mire». Daniela Capona

Insisto en que es una cuestión de perspectiva, y en este caso le llamaríamos perspectiva de género. Y es que la rebeldía se ve diferente según el ángulo desde el que se le mire. La tradición literaria del patriarcado nos tienen acostumbradas a que la rebeldía tiene una sola forma, un modo grandilocuente y confrontacional en el que se da el principio de la competencia y el héroe es quien supera a un oponente de dimensiones tremendas. Pero quienes, por la razón que sea, habitamos los bordes del patriarcado sabemos que las rebeldías son diversas, los gestos revolucionarios no tienen necesariamente la forma de una victoria ni de una demostración de fuerza o de ingenio. Y a propósitos de Vivir juntas pensemos en otras obras sobre prisioneros. Mientras un canon literario masculino y europeo nos cuenta historias de hombres injustamente apresados que escapan por el techo hacia a la libertad y la venganza, otros sujetos menos hegemónicos nos cuentan la intimidad de delincuentes que viven la prisión y en ella desarrollan afectos, pasiones, sacrificios y traiciones. La escritura marica de Jean Genet no ofrece historias de escape cuando se sitúa en las cárceles bien conocidas por el autor francés. Más bien repara en el erotismo tan intenso que traspasa los muros en Un chant dámour. Manuel Puig rescata cada detalle de la convivencia íntima entre un guerrillero y un marica “corruptor de menores” en El beso de la mujer araña, mientras que Roberto Zucco escapa de la cárcel, pero para caminar hacia el sol, su autor ya se le había adelantado, muerto a los 41 a causa del Sida. La rebeldía salvaje inscrita en estos textos no cabe en los moldes heroicos de la tradición masculina de las victorias y las competencias. Y es que la rebeldía se ve distinta desde la esquina que ocupamos quienes no damos con el perfil de esa otra gran tradición. Mujeres, tercermundistas, pobres, personas racializadas, maricas de todas las clases, no vemos el mundo como lo ve la tradición patriarcal. Personalmente me hago cargo de mi cualidad de mujer y de tortillera, y desde allí afirmo que se trata de una cuestión de perspectiva. Mi esquina me permite ver cosas que otros no ven, del mismo modo en que una persona racializada o con movilidad reducida tiene mucho que decir sobre asuntos en los que yo no reparo.

En resumidas cuentas, Vivir juntas nos cuenta amorosamente que la rebeldía no se ve siempre igual, que la ternura es también una actitud radical y que una misma situación se vuelve diferente si aplicamos a ella una perspectiva rara. Otra manera de decirlo es que la perspectiva de género no consiste solo en contar historias de mujeres heroicas, de repetir la matriz patriarcal del triunfo y la competencia, se trata sobre todo de cambiar el ángulo desde el cual miramos y pensamos el mundo. Una cuestión perspectiva.

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